lunes, 31 de agosto de 2015

Quiero expresar ...


 ... nuestro recuerdo para el Profesor Olgiati del que recibimos siempre su presencia, en los momentos en que necesitábamos de confianza y de consejo. Nunca olvidaré su amor y su dedicación para guiarnos por los intrincados laberintos de las declinaciones que enseñaba con enorme paciencia. Ni su regla de oro cuando recordaba, una y otra vez,  que lo que teníamos que hacer era simplemente repasar. Repasiso mai nos alertaba. con la seguridad del que conoce los secretos de una alquimia.

Su presencia se prolongó aún más allá de las aulas del Colegio. Estaba entre nosotros cuando con  Carlos Dell Oro, gran amigo,  recitábamos aquellos versos latinos que definían el beneficio de los vientos para los marinos antiguos. Se transformaban esos versos  en una contraseña  que nos permitía ingresar en el recuerdo de la Escuela como en  una selecta cofradía: Ubi venti secundi sunt nautae navigant  libenter; Donde los vientos son favorables los marinos navegan libremente…nos  repetíamos de manera risueña,  para volver  a estar de nuevo en las aulas del Colegio



 Los extrañaremos mucho, tanto a Olgiati,  como  a Soler, como a Terreni. No en nuestro corazón en donde estarán siempre presentes, sino en las aulas de la escuela, que necesitan de  Profesores que encarnen como ellos  una tradición de enseñanza,    cuya desaparición ha dejado en nuestro sistema educativo  una pobreza infinita. 

 A ellos, trabajadores incansables, soñadores empedernidos,  personas de bien,  cada vez que puedo, se  los menciono a mis alumnos en el aula. Me parecen un valioso ejemplo a seguir.



Les hago presentes a  Soler, con su potente vos, recitándonos los inolvidables versos de Darío, a Terreni describiendo las maravillas de su novedosa  Biología , a Stegman graficando los husos horarios de la tierra con el pulso preciso de un  cartógrafo, y  a  Olgiati con su bondadoso sentido común, revelándonos el inapreciable valor de ese bien inapreciable y tan escaso.

Estaba esta mañana en el aula de 2B del Colegio dando Historia cuando recibí en el celular la noticia de su fallecimiento. Sonó el timbre del turno y me quedé en el aula con tristeza. Sentí que sin duda fuimos nosotros muy afortunados al haber sido de todos ellos  sus alumnos.  Supe, una vez más,  que el mejor premio  de un docente es la gratitud de sus alumnos.



 Quiero que sepan que tienen  para siempre nuestra  gratitud por haberlos conocido.



                                                                                                                   Alejandro Taquini


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