martes, 2 de junio de 2009

Volver

El Saenz era ese edificio de paredes ásperas, con su capilla, su laboratorio, la sala de ping pong, el patio de tantos partidos, donde los petisos podíamos jugar al basket. El Saenz era Cavigiolo, Olgiatti y todos sus profesores. El bar. La preceptoria. Ese baño con puertas giratorias al estilo western. El Saenz eran sus alumnos, sus preceptores, el Padre Silva, los padres. Era la quinta en Castelar y el Ateneo. Eran esas actividades coprogramáticas a la siesta.

Volver al Saenz.



La previa: generosamente con Claudio Rabino, invitamos a los menores de la undécima a compartir unos verdes antes del ágape. Aquí estamos con Horacio Montano, José Paez y mi hemano Ricardo.



El primer encuentro: años sin vernos con Claudio "Bocha" Schipani y Alejandro Blas "también
Bocha" Chiesa.




Los chicos: atrás el flaco Alejandro Novakovich, Chiesa, Rabino, y adelante Ricardo, Bocha Schipani y Paez. Yo estoy atrás de la cámara.




La undécima con su Preceptor: José Paez, Javier Ríos, Carlitos Papandrea, Jorge Santoro y Ricardo Aguirre




La remera del Saenz, toda ella extendida sobre la mesada, solitaria y virginal, blanca y radiante como La Novia; exhibiendo su sensualidad como la jovencita sueca de nuestros sueños febriles de juventud. Ningún santo varón presente osó apoyar sus pecaminosas manos sobre la impoluta criatura de algodón. Es que las manos de los santos varones estaban ocupadas en la degustación de pizzas.


Acá estamos todos. La Decima Promoción completa. No faltó nadie.




Y también la Undécima Promoción tuvo asistencia perfecta.
Volvimos.



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