viernes, 29 de mayo de 2009

Jurassic Park

Hace muchos pero muchos años, en un lugar de Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Palermo, a la vera de la empedrada calle Honduras, una agrupación que se dio en llamar CRISTIANOS SIN USAR, erigió un colegio para que los mozalbetes de la zona, y aledaños, pudieran cursar el secundario.

Las primeras discusiones del grupo, transcurrieron alrededor del nombre que le debían dar a la institución.

Los más vaticanistas, proponían a distintos Papas. Otros más humildes, pretendían un Obispo o algo menos, un Arzobispo. Los más radicales dijeron que debía ser algún monaguillo que se hubiera negado a tocar la campanilla. Finalmente, saltó uno que dijo que nada de esos lugares comunes, que tenía que ser algo bien extravagante, y propuso que sea un Presbitero. En medio de la confusión, ya que nadie sabía bien qué era eso, le preguntaron a cuál conocía. Y ahí saltó otro de los integrantes de CRISTIANOS SIN USAR, que dijo que había ido a la Universidad de Buenos Aires y que el fundador de tan excelsa unidad académica, era un Presbitero de nombre Antonio Saenz. Ante lo cual, por aclamación dada la similitud de situaciones, aprobaron el nombre, sintiéndose todos fundadores de algo extraordinario, de un faro del que solamente emanaran sapiencia y dedicación a las artes, las ciencias, las humanidades y el deporte.

Y así comenzó la historia del Colegio Presbitero Antonio Saenz de la calle Honduras.

Como no podía ser de otra manera, argentinos al fin, la cosa no sucedió como se esperaba.

Las promociones iban egresando, pero la institución adquiría costumbres cada vez más extrañas.

Cuando llegaba el Profesor de Latin, el benemérito Olgiatti, los alumnos se ponían de pie y llevando el brazo derecho con el puño cerrado hacia el hombro izquierdo, a viva voz los alumnos lo recibían con un estruendoso “AVE CESAR”, a lo que el docente respondía más humildemente “DE BELLO GALLICO”.

Después, en la clase se oían interrogaciones del siguiente tenor:

Olgiatti: a ver Claudio, qué sabe de Cannes Per Flumen
Claudio: brevitatis causa.
Olgiatti: Bueh. A ver Antonio, Quod Ars Amandi?
Antonio: lo qué?

La disciplina, conducida por un selecto grupo de ex alumnos, era controlada de una manera cada vez más férrea ante los ímpetus de los mocitos: “Así que pegando mocos en las paredes, eh?. Ahora te voy a atar a una silla frente al pizarrón y te voy a pasar cinco veces las filminas de Moises secando el Río Rojo, te voy a pasar”.

Con los años, los padres advirtieron que sus vástagos no aprendían como decían en los folletos de promoción del Colegio, y encima pagaban una cuota. De esta manera, se fueron sucediendo pedidos de cuarto de beca, media beca, beca completa, trifecta de beca, cuatrifecta de beca. Hasta que, llegado los finales del año 1975, ya nadie hacía honor a la cuota, ni los impúberes a los estudios de la manera que se había concebido el Colegio.

Conforme cuenta la historia, una noche se halló al Presbítero Saenz junto a un Obispo que yacía muerto en el piso, poniendo todos la mira de la sospecha en el clérigo. Así también, los miembros de CRISTIANOS SIN USAR se encontraron un día con un Colegio en agonía, mirándose todos de manera sospechosa. Y finalmente, cerró. Como decía Marx: la historia se repite primero como tragedia y después como comedia.

Han pasado los años, las décadas, pero el espíritu de los CRISTIANOS SIN USAR siguió vivo a pesar de las frias y abandonadas paredes del edificio de la calle Honduras.

En los cuatro puntos cardinales del país, se comenzó a escuchar “hay reunión”, “hay reunión”. El rumor trascendió las fronteras, y desde el exterior también se escucharon voces que decían “hay reunión”.

Aquellos mocitos y profesores que pasearon su estampa por los pasillos, salieron de la penumbra para volver a dar vida a aquello tan particular que fue “El Saenz”.

La cita, que ya es la tercera, se fijó para el 30 de mayo.

Los más a la moda se preguntaron “¿es un pizza party?”, “¿hay que ir de elegante sport?”. Otros, más rencorosos, esperan el momento para echarle en cara a un compañero, alguna cuenta del pasado: “sí, vos me afanaste la cartuchera en primer año, y todavía no me puedo reponer”.

El mismo Spielberg se despidió de Hollywood rumbo al aeropuerto, con la esperanza de un nuevo Oscar: “Chau, loco, me voy a Buenos Aires a filmar Jurassic Park Cuatro”.

Quedan ya pocos minutos para el tercer encuentro…

4 comentarios:

Unknown dijo...

Hace instantes acabo de llegar del encuentro, más que con los exalumnos y exprofesores del Saenz, con mi pasado. Yo diría que unas de las páginas más entrañables de mi pasado. Parte del hombre que hoy soy se las debo a los años que pasé en el colegio. En mi caso personal fueron pocos, mitad de tercero, cuarto, quinto y lo prolongué con exámenes hasta su cierre definitivo.
Más allá de la emoción del reencuentro y de la nostalgia, diría casi tanguera, que nos embargó a la mayoría, quiero destacar dos aspectos fundamentales, en lo personal, de este encuentro: por un lado el haber podido agradecerles a dos educadores estupendos (a Ogliatti apenas lo tuve medio año) el Profe Ciurleo que no sólo nos abrió las puertas del Colón sino la cabeza a otro tipo de música y el legendario Cavigiolo único profesor que me hizo estudiar geografía, en realidad el único que me hizo estudiar algo. El otro aspecto que quiero destacar es el haber revivido el espíritu familiar del colegio donde la división en la que uno cursaba no era una barrera para la relación con el resto de los alumnos. La alegría del reencuentro no se limitó a mi 10ª promoción reencontrarme con algunos más grandes y otros más chicos también me produjo una gran alegría. Experimenté un abrazo fraternal y sincero incluso con quienes no conocía...
...indudablemente la mística del Saenz sigue viva. Por eso mi agradecimiento a Jorge Guiducci, a Norberto Esarte y al grupo que se le ocurrió la feliz idea de armar esta movida haciendola extensiva a todos los que pasamos por el instituto. Gracias por ese abrazo cariñoso que nos han brindado con esta convocatoria. A treinta y cuatro años de su cierre el Saenz, sin duda, sigue vivo en cada uno de nosotros y de aquellos que por uno u otro motivo no se han podido apersonar en este tercer encuentro.

vascogaucho dijo...

Me adhiero al agradecimiento de Claudio para Giudice por abrirnos la puerta y a Norberto Esarte por su generosidad y a esos otros "antiguos" compañeros que no sabemos el nombre, y que hicieron que pudiéramos compartir este tercer encuentro. Gracias

jose paez dijo...

Una de las cosas que mas disfrute es esa sensación de pertenencia, uno cree que algunas cosas son de uno solamente, pequeñas cosas, los boletines, el carnet de pileta del Ateneo, y de golpe se encuentra con grupo de hombres compartiendo esos pequeños recuerdo, que uno atesora en la memoria mas allá de lo trascendental, pero que nos conecta íntimamente, y nos da ese sentimiento de pertenencia, porque tenemos muchas pequeñas cosas en común, un abrazo a todos y a cada uno.

Manolus dijo...

Y cuando nos juntamos de vuelta. Vivi mucho tiempo en el exterior y cuando volvi, le pregunte a algunos ex-compañeros si se juntaban, a lo que me respondieron que ya no.
Porque no la organizamos ahira que ya somos unos viejos carcamanes, con hijos y nietos.
Abrazo a la comunidad del Saenz, ya extinto.