
Así aparecieron en el encuentro las camisetas, los banderines, los carnet de la pileta del Ateneo, las fotos de los viajes, y otra innumerable cantidad de recuerdos, de los que cada uno traía asociada una anécdota de un momento compartido.

La alegría del reencuentro, la emoción y la nostalgia, se mezclaron todo el tiempo durante la jornada compartida, y el tradicional saludo con los dedos meñiques entralazados, fue un símbolo más, que evidenció que la mística del Sáenz, quedó marcada a fuego en nuestras almas y nuestros corazones, aportándonos un sentido de pertenencia, que vivimos con genuino orgullo.
Una jornada verdaderamente emotiva y enriquecedora. Gracias a todos los que participaron, a los que no pudieron hacerlo por distintos motivos, y a los que ya no están con nosotros, pero que estoy seguro que estuvieron en la memoria y el respetuoso recuerdo de todos.
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