Esta narración, relata de cómo sin quererlo pase de educando a educador en el Sáenz
En mi carácter de educador de las artes del cuerpo y mente, iluminado por las inspiradoras clases de los Profesores Terregni y González Rubén, siempre en la búsqueda de la excelencia del desarrollo deportivo de sus alumnos, y viviendo desde siempre a la vuelta del colegio, toda mi vida fui un aventurero arriesgado, el Peer Gynt de Ibsen, dio tantas vueltas, para darse cuenta que su Solvey, el amor de su vida , era su vecina, yo me ahorre unos cuantos problemas viviendo siempre en le mismo lugar.
En uno de mis habituales paseos con mi can, que no es el Cerbero, si no un ovejero de nombre Pampa, y siendo parte de mi recorrido habitual la puerta del mítico Sáenz, dejaba volar mi imaginación en la alocada idea de alguna vez dar clases en el patio del Cole.
Un día de esos que uno piensa que no va a pasar nada especial, me llaman para que me presentara a tomar el cargo en una institución llamada “Manuel Belgrano”, cosa hasta ese momento, que no tenia ninguna connotación especial, Casi sin pensar dije que no, ya que mi agenda estaba muy cargada y no podía tomar mas horas y menos para un ignoto colegio llamado Manuel Belgrano, pero, por esos designios del destino pregunte, donde quedaba y la respuesta fue…………………………………………………………………………………………………………...................................
En mi carácter de educador de las artes del cuerpo y mente, iluminado por las inspiradoras clases de los Profesores Terregni y González Rubén, siempre en la búsqueda de la excelencia del desarrollo deportivo de sus alumnos, y viviendo desde siempre a la vuelta del colegio, toda mi vida fui un aventurero arriesgado, el Peer Gynt de Ibsen, dio tantas vueltas, para darse cuenta que su Solvey, el amor de su vida , era su vecina, yo me ahorre unos cuantos problemas viviendo siempre en le mismo lugar.
En uno de mis habituales paseos con mi can, que no es el Cerbero, si no un ovejero de nombre Pampa, y siendo parte de mi recorrido habitual la puerta del mítico Sáenz, dejaba volar mi imaginación en la alocada idea de alguna vez dar clases en el patio del Cole.
Un día de esos que uno piensa que no va a pasar nada especial, me llaman para que me presentara a tomar el cargo en una institución llamada “Manuel Belgrano”, cosa hasta ese momento, que no tenia ninguna connotación especial, Casi sin pensar dije que no, ya que mi agenda estaba muy cargada y no podía tomar mas horas y menos para un ignoto colegio llamado Manuel Belgrano, pero, por esos designios del destino pregunte, donde quedaba y la respuesta fue…………………………………………………………………………………………………………...................................
..................…honduras 3825.
Albricias, mi sueño alocado se cumplía, loco de contento, decido alocadamente (ya lo dije, no?) restarle horas a mi almuerzo y tomar el cargo, y como en un sueño tolondro me encontré en el viejo patio "extrañamente alambrado en su techo" enseñando abdominales, flexiones y deportes elegantes, tradicionales, que había aprendido en el viejo y querido Ateneo de la Juventud en esas clases de extenuante rigurosidad, como el voleibol y el fútbol en la cancha de tierra donde Rocha era un maestro (Yo le atajé un penal).
La cruel realidad me golpeo en el rostro, los alumnos que me tocaban eran dos o tres veces repitentes, la institución cambiaba de nombre a cada rato, los directores y apoderados que eran colegas y conocidos, estaban confundidos.
Albricias, mi sueño alocado se cumplía, loco de contento, decido alocadamente (ya lo dije, no?) restarle horas a mi almuerzo y tomar el cargo, y como en un sueño tolondro me encontré en el viejo patio "extrañamente alambrado en su techo" enseñando abdominales, flexiones y deportes elegantes, tradicionales, que había aprendido en el viejo y querido Ateneo de la Juventud en esas clases de extenuante rigurosidad, como el voleibol y el fútbol en la cancha de tierra donde Rocha era un maestro (Yo le atajé un penal).
La cruel realidad me golpeo en el rostro, los alumnos que me tocaban eran dos o tres veces repitentes, la institución cambiaba de nombre a cada rato, los directores y apoderados que eran colegas y conocidos, estaban confundidos.
Luego de haber recorrido cada rincón, incluido el sub-suelo con el tenis de mesa y cada una de las aulas antes de las modificaciones, tengo suficiente para guardarlo en mi memoria más emotiva. Ese año el hijo de Alejandro Guetti (promoción 1973) fue alumno mío (por supuesto uno de los mejores alumnos) y lo que sucedió luego con la nueva escuela es otra historia que no interesa.
Lo que me faltó fue patear la plastibol (Horacito Bertazza me ganaba siempre), ustedes pueden creer que ahora esa pelota se llama "caprichito" los tiempos cambian, no mi reconocimiento por quienes nos formaron en el camino de la vida y en donde hice mis amigos de siempre. Recuerdo un consejo del profesor Guillermo Marconi, quien ante nuestra insistencia de que todos fuéramos amigos de todos, nos dijo que la amistad no se puede forzar, se da naturalmente ó no se da.
Quizás hacia falta que pasaran mas de 30 años para que se de.

(Vivencia del egresado 1975, Horacio Montano)
(exegeta José Paez)
3 comentarios:
Horacio: no será que por no almorzar te imaginaste más de una situación. Por favor, date un "caprichito" y comé mijo, comé que hace bien.
A mi me llamó la atención lo de "las inspiradoras clases del Profesor Terreni..." Terreni daba clases en el Ateneo..???
Sabés que yo estuve 5 años en el Colegio y siempre lo veía, pero recién me entero que daba clases....
Sí, dio clases de eduación fisica, pero creo que fue una suplencia.
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