viernes, 22 de octubre de 2010

Una educación democrática

Sabado a la noche. Asado en la casa de Horacio Montano. Al chori le siguió una vuelta de tira, que fue debidamente bigoteada. La bandeja prosiguió con el vacío. Cuando coloco mi porción en el plato, Montano me secretea "tengo un tesoro que encontré ordenando", alcanzándome un manual colegial.

¡Qué intríngulis!: ir hacia el vacío o internarme en la cultura. Partiendo de Aristóteles, que decía que el hombre es un animal racional, la disyuntiva fue despejada con inteligencia, cerebralmente como digno egresado del Saenz. Una vez satisfecho el mamífero con un par de bocados, dediqué todos mis sentidos al incunable.

El libro era de "Educación Democrática" de Editorial Troquel, escrito por el Dr. Pedro Herviu para el 2do. curso. Editado en 1969, la obra trata entre otros, estos temas: la república, la soberanía del pueblo, las libertades de palabra y prensa, las virtudes públicas y privadas, los olvidos de los deberes ciudadanos y sus consecuencias, la superioridad de la democracia para resolver los problemas sociales. Un visionario Don Herviú.

"¿Y, qúé te parece?" me inquiere Montano apuntando al manual con un pinche. "Bum palasco kimpreble", le contesto. No es fácil modular "un hallazgo increíble" mientras mastico un cacho de carne.

Recorro las páginas del libro y deduzco que en su adolescencia el dueño de casa tendría la visión de Superman, porque no tenía rastros de haber sido usado. La única huella humana es en la página 47, en la que obra una firma que dice "Ciarlo 72" (Carlos Ciarlo). Habrá querido dejar su impronta para las futuras generaciones. Por ahora, no pasó de la propia.

Recordé a la Profesora Arzac, de Educación Democrática, en 1° año, apodada "la corchito", por su baja estatura y leve joroba. Un día, llevamos todos en el curso corchos de vino y, durante la clase, se los arrojamos, huyendo la pobrecita ante la lluvia corchal. La risa fue generalizada y fuimos reprendidos. No dejo de arrepentirme de ese vandalismo, propio de la crueldad adolescente que se potencia con el número. Fue una minúscula muestra de la relación histórica de los argentinos con la democracia.

Vuelvo del recuerdo con la segunda tanda de vacío que me tiende Montano. Dejo el libro a un costado y pincho la nueva porción. El animal me pide, vió?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Despues de leer tu relato, no aguanto mas, me tengo que comer un asado!

jose paez dijo...

Lo unico que te digo que a ese asado no me invitaron