miércoles, 17 de marzo de 2010

Angeles de la Guarda

De niños nos enseñaron que además de nuestros papás, existía un ser invisible, compañero permanente y protector de nuestras más arriesgadas travesuras: el Angel de la Guarda.

A veces tenía el nombre de algún tío o amigo querido de la familia, que había encontrado el infortunado final de su vida, como un salteador en la noche.

Más de una vez habremos sentido que alguien a nuestro alrededor nos salvó de ser atropellados por un auto que nos pasó rozando, o amortiguó una caída importante que podía haber aplastado nuestra capocha, o aquella vez que nos vimos perdidos sin poder encontrar el camino de vuelta y una mano invisible nos fue llevando hacia el sendero que terminaría en los brazos de mamá y papá.

En aquellos años felices, atribuíamos tales salvaciones a un Angel de la Guarda que estaba allí donde la dificultad se presentaba en clave de peligro.

Las personas queridas que hemos perdido por alguna tragedia o enfermedad, andan de ronda por ahí con alguna nueva misión. No son ellas quienes han cerrado los ojos. Somos nosotros los que no vemos, por nuestra propia incapacidad.

Hoy hay compañeros del Saenz que estan viviendo alguna dificultad; que la parca los acecha con claras intenciones de llevárselos. Necesitan de nosotros, pero también de los que ya no vemos.

Es por eso, que Carlos Dell’Oro y Mingo Rodríguez tienen una tarea por hacer, tienen que ser los Angeles de la Guarda de nuestros compañeros en problemas.

Parafraseando la oración de nuestra niñez, podemos decir: “Carlos Dell'Oro y Mingo Rodriguez, Angeles de la Guarda, dulce compañía, no desamparen a nuestros compañeros en esta hora de dificultad, ni de noche ni de día. Amen”.