Reflexiones inspiradas en el post del Negro Rojas
Debo decir que el post que nos regaló el Negro Rojas hace unos días, ha sido revelador para muchos de nosotros, y constituye una descripción ajustada y de impecable rigor pedagógico.
Cuando vi en el Blog las fotos del último encuentro, al que lamentablemente, no pude concurrir por encontrarme de viaje, sentí una emoción incontenible, al verlo al Negro Rojas, a Carlos Álvarez y a muchos otros, que integraron mi entorno más cercano de mi paso por el Sáenz, máxime por haber sido compañeros de curso de mi hermano Ricardo, en nombre de quien, de paso, agradezco los recuerdos que han dejado tanto el Negro, como el querido Junjo Carril.
Si hay otra vida después de esta, estoy seguro que quienes están allí, eligieron llevarse a Ricardo, para ennoblecer sus espíritus con su música, y embelezar sus almas con su arte.
Confieso que me he tomado un tiempo para ordenar mis ideas, y poder escribir algo coherente, e intentar trasmitirles las sensaciones que tuve en el momento que leí el post del Negro. Por eso no dejé ningún comentario, porque prefería escribir algo más pensado.
En primer lugar, tuve la sensación de que estaba leyendo un artículo de Beatriz Sarlo (valga la similitud), pero que hablaba de mis afectos y de mis propias vivencias de la juventud.
En las palabras justas y pertinentes del Negro, encontré la respuesta de porqué muchos de los egresados del Sáenz, nos dedicamos posteriormente a la docencia, o estamos vinculados de algún modo a la pedagogía o la comunicación.
Sentido de pertenencia, contención, formación en valores, conocimiento y compromiso, si no me equivoco, fueron los ejes integradores que destacó el Negro de este singular proyecto educativo del que participamos todos.
Y en realidad todos nosotros somos el resultado de ese proceso. Espíritus críticos moldeados en el lodo intelectual de una posmodernidad emergente, con una mixtura de San Francisco y Perón, del “che” Guevara y Sui Géneris, del cordobazo y del mayo francés, de Vox Dei y los Montoneros, Mercedes Sosa y el negro Olmedo, Brigitte Bardot y el flaco Spinetta, el Principito y Joan Manuel Serrat.
Todos juntos, mezclados, combinados, superpuestos y yuxtapuestos. Todos en nuestras cabezas, generando una síntesis singular, que no se volverá a repetir.
Pero la vida no se trata de un momento, sino de un proceso, y un proceso complejo que no es lineal. Como dijo alguna vez el maestro Alfredo Zitarrosa, “no hay revoluciones tempranas, sino que crecen desde el pie [..]”
De ahí venimos, y esto somos. Con nuestros valores, ideales, creencias, también con nuestros demonios, y también con nuestras utopías.
No sé si habré podido reflejar en estas líneas, todo lo quería transmitirles. En realidad no sé como hacerlo, porque seguramente tengo más preguntas que respuestas, más incertidumbres que certezas, y también confieso, que era mi velada intención, dejar esta sensación de duda.
Estoy convencido que es el punto de partida para el necesario ejercicio crítico y reflexivo que nos estamos debiendo.
Ejercitar el espíritu crítico es un desafío enorme que implica un gran compromiso, pero es un camino que vale la pena recorrer.
Los que alguna vez soñamos con un mundo mejor, más ético y más comprometido, y con una sociedad más justa y democrática, tenemos la obligación de ponernos al frente del cambio.
Y a propósito de los sueños y las utopías, y para ir terminando, querría traerles un párrafo de Adriana Puiggrós -por quien confieso una profunda admiración y respeto profesional- que me resultó revelador por su profundidad e impacto emocional:
“Ejercer el derecho a la imaginación [...] es solo posible a partir de los discursos existentes, ubicándose en el campo de la lucha discursiva en el cual se está sumergido, con la intención de descubrir sus fracturas y soñar. La estructura de lo imaginario nunca es coextensiva a la estructura de lo real, y la ‘aplicación’, una operación imposible. Las formas político-pedagógicas alternativas no se sueñan sino que se diseñan. Intencionalmente. Pero para que sean alternativas, es necesario que las haya precedido un sueño, es decir, que un discurso disruptivo haya puesto en evidencia la limitación de la pedagogía institucionalizada o dominante. Son, pues, dos elementos que quiero subrayar: no hay alternativa pedagógica sin utopía y no hay utopía democrática que no sea una forma de desordenar el orden político pedagógico existente. En las fracturas de este último, deben descubrirse las claves de los cambios posibles.”
Los invito a ejercer juntos el derecho a la imaginación. Hasta la próxima.
Eduardo Esarte
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4 comentarios:
PARA EDUARDO ESARTE:
VEO CON INSANA ENVIDIA QUE TENES MAS PELOS QUE YO, TU BARBA CANDADO NO TIENE CANAS Y TU PROSA ES MUY BUENA.
SEGUIMOS DESATANDO AFECTOS Y COMO DICE CORREA, EL ECUATORIANO: "QUE NO NOS ROBEN LA ALEGRÍA"
MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO. ESCRIBIME AL marojas53@yahoo.com.ar Y TENDREMOS UN DIALOGO EPISTOLAR.
POR EL REENCUENTRO. UN GRAN ABRAZO.
pd: CREO QUE ESTAMOS TRATANDO DE RECUPERAR LA HISTORIA. LA PROPIA, LA NUESTRA, LA DEL PAÍS.
Negro Querido:
Tu envidia es infundada, porque mis pelos ralean cada vez más, y lo de las canas, se lo debo a la magia de mi peluquero, el tano Pino, que me hace un "apagado de blancos".
Pero lo que sí es verdadero, es el afecto que siento por vos, porque fuiste una pieza muy importante en una etapa de mi vida.
Nunca me voy a olvidar de bulín de la calle Mansilla, de tu tío peronista, del bar de Coronel Díaz, donde solíamos encontrar a Julián Centella, tomando una ginebra, acodado en el mostrador de estaño, de los días en el Tigre, y de tantas otras cosas.
Te saludo con todo mi afecto y te voy a escribir.
NADIE SE ATREVE A DECIR LA VERDAD SOBRE LA PERVERSA PERSONALIDAD DEL NEGRO ROJAS.
Una noche de otoño en el convento franciscanos del Arroyo no se cuanto en el Delta del Tigre, el compañero Alejandro Elizalde dormía apasiblemente sobre un sillón del siglo XIX envuelto en un poncho marrón. No habia electricidad y nos iluminábamos con velas. El turro del negro Rojas siempre habia querido saber que mierda guardaban los franciscanos en esos cajones del año del pedo con pesadas visagras, hasta que es noche descubrió que guardaba... capas y otras vestiduras onda drácula. El negro, feo como era, se montó una capa negra alrededor, caso un tramontina, y con el cuchillo en una mano y una vela encendida en la otra, en medio de tenebrosa noche, no tuvo mejor idea que ir a despertar al pobre Elizalde que dormía (¿la mona?) en lo más profundo de la noche. Y haciendo un gemido mezcla de mona chita y momia egipcia, el turro del negro rojas lo fué a despertar pegandole pinchazos con el tramontina. Creo que tardamos hasta las siete de la mañana para lograr que el pobre Ale Elizalde reaccionara del ataque de pánico y dejara de gritar y echar espuma por la boca.... juaaaaaaaa.... qué hdp, negrito querido!!!
Perdon perdon, no cuenta cuenta personal, apart de la laguna" soy Alejandro Guetti, y el arroyo se llamaba ...¿Gallo muerto? o era algo así.... que manera de cagarnos de risa aquella noche, cuanto teníamos? 16 años? abrazo!!!
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