Al terminar la escuela primaria mis padres decidieron anotarme en el Hipólito Vieytes, a mi me daba terror la idea de estar sin mis compañeros y entorno del barrio (siempre fui muy aventurero). En el patio del citado colegio estaba para la inscripción cuando a mi madre le faltaban algunos papeles que tuvo que buscar en casa (a la vuelta del Sáenz), que solo me sentí, a nadie conocía y eran otras épocas (yo muy introvertido).
Mi madre volvió y me anotó, a mi solo me motivaba que mis primos cursaban en dicha institución y que había mucho deporte.
Una tarde donde el sol ya no estaba, tocan la puerta de casa que recién se cerraba con llaves por la noche (los malos andaban cuando oscurecía), dos caballeros: Carlos Álvarez y Daniel Salzano, expusieron, explicaron y fundamentaron las bondades de este selecto colegio, es más, “el mailing” lo consiguieron de la escuela primaria (a la vuelta de casa) por buenos alumnos, abanderados y demás (no era mentira, pero no hacía falta mucho para destacarse ya que los grupos eran más que reducidos (casi inexistentes) una verdadera y pionera educación personalizada.
Trajeron los famosos carteles de “propaganda” y yo que había tomado distancia y los escuchaba desde lo alto de la escalera del patio pensé: hay mucho deporte y queda a la vuelta de casa…
Me compraron el uniforme con tiempo. Ya en el patio escolar (bien cerrado en el techo) ¿tendrían miedo de que nos escapemos?, se me acercó el “Patito” Santoro y me preguntó si yo era Horacio Montano, le contesté que si a secas (tenemos primos en común); nunca aprendí a explicar mejor la relación familiar, pero gracias al Presbístero aprendimos a ser amigos (aún a grandes distancias físicas).
Ernesto Costa era mi vecino, pero nunca habíamos cambiado muchas palabras (vivía al lado de casa, pero yo era algo tímido).
Con Amadeo Priano compartimos toda la primaria y toda la secundaria, vivía en la esquina de casa, y todavía se la cuido a través de la mirada para darme cuenta de los cambios y los progresos, eso sí la ventana de su cuarto está igual…
Conocía a José Páez a la distancia y nos convertimos al decir de Atahualpa Yupanqui (es igual que uno pero con otro cuero), y en épocas de “ganar chicas” que es justo señalar que no era mi especialidad, nos cruzábamos por Santa fe en la ida o vuelta del levante (tierra, agua, algún producto de desecho etc.) hasta que también nos hicimos amigos, por ahí andaba José Aguirre, “El Chacha”, Carlitos, Gustavo Viaño y otros.
Ya que siempre fui un elegante, con el uniforme del colegio concurría los sábados de baile a Guadalupe, donde para estar a tono me tomaba un par de Whiskys con hielo (en vaso de plástico), que me servían para hacer pinta y acercarme a la presa (que siempre escapaba, si lograba que bailaran rápidamente se disculpaban para ir al baño o descansar ¿de mi?
Yo igual tenía otras tácticas que me sugería Horacito Bertazza (la facha), me decía indagar en el lado fuerte de uno, como no lo encontraba me compraba una caja de chicles Adams de mentol y atacaba con final incierto, en realidad la bebida impetuosa nada me duraba porque siempre fui muy sediento (aún hoy me despierto de noche para tomar agua), y los chicles jamás me gustaron y por lo tanto en plena fiesta me los tragaba, como conclusión lógica cuando llegaban los lentos generalmente me quedaba solo (con el vaso vacío y otras consecuencias desagradables del efecto-pegote).
También mi homónimo (que en esa época se hacía llamar el Beto) me presto ropa de Modart muy “modernosa”, pero no me quedaba como a el.
Jugué al fútbol, básquetbol, nadé (casi me ahogo en la pileta de la quinta), me salvó el “Bomba Alejandro Arias Figueroa” que más tarde se convertía en experimentado rugbier (a todos lados con la guinda); el guardavida ese día no había concurrido…
Cada tanto nos encontrábamos con Javier Ríos (otro amigo de la vida), que tenía como costumbre vivir en Bella Vista, hacia allá íbamos y para mi tan salidor (hombre de mundo) era ir a Europa (de no ser por Amadeo nunca hubiera llegado a la clásica actividad co-programática del museo histórico nacional), paradojas de la vida ahora trabajo bien cerca y se llegar (inclusive con los tan actuales piquetes).
Ir a lo de Javier nos movía desde verlo a estar un poco rodeado de mujeres (primas, amigas, hermanas ya que siempre fue de características muy sociales).
Desde hace un buen tiempo me encuentro con Eduardo “Petete” Saint Martín, gracias a mis conocimientos de Internet compruebo cuando juran los animales que expone en la ganadera, con aire de entendido lo saludo y desde ya reunión obligatoria en casa, donde se agregan sus hijos ya profesionales, que se comportan de manera solidaria con nuestras vivencias escolares y actuales, comparten con alegría ese rato de prolongación de amistad en el tiempo, como si ellos también fueran del Sáenz.
En mi caso el Sáenz se convirtió en la prolongación de mi casa, me enseñó a cultivar la amistad, el respeto por los otros, y a sentirme parte de…
Al igual que la casa de Amadeo en Gorriti, cuando paso a diario por Honduras también cuido con la mirada al edificio que nos albergó, durante mucho tiempo jugué al Padle casi al lado, y hace muy poco que lograron “sacar a los habitantes vecinos que se aferraban a quedarse” (les faltaban algunos papeles…), pero el pasillo que nos llevaba al fondo está intacto, la vista es la misma.
Actualmente sigo viviendo a la vuelta del Sáenz (de paso lo cuido), de manera absolutamente casual mi hijo Bautista va al jardín a la vuelta de casa donde hice la primaria, el hace su vida pero ¿Dónde irá en el secundario?
Ahora le pediré a mi santa mujercita (que paciencia me tiene) si eleva esto adonde corresponde para que todos lo lean, mi especialidad es el power point.
Agradecido al colegio de la calle honduras que me dio un nuevo amigo en la actualidad: Vasco Gaucho, a su casa acudí previo llamado para facilitar el envío, inteligentemente me sugirió que le mande el correo por Billinghurst ya que es mano hacia su domicilio, entre computadoras personales, la PC como eje, los mates que nunca faltan y la asistencia de “los cocos” que son sus hijos no pudimos completar la gestión, entonces pensé en sacar fotocopias para cada uno.
Celebro el encuentro y la idea de: Sáenz + amigos + asado que supongo que es una manera de buscar la felicidad.
Como diría mi formador en Psicomotricidad Relacional Victor García “Buena Vida” y hasta entonces. (Ya afilé el cuchillo verigero).
Horacio Montano
11ª promoción
1 comentario:
Bicho, asi te deciamos, con afecto y mucha estima te digo hoy que te respeto y estoy orgulloso de voz...te manda un abrazo fuerte el Aleman loco Harald...si queres contactate conmigo.
hwidmann@hotmail.com
De Profe a Profe.
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