sábado, 17 de octubre de 2009

En tu día, mamá

Buenos Aires, 17 de octubre de 2009.
Querida mamá:
Qué habrá pasado por tu cabeza para haberte dejado llevar -y arrastrado a papá- por un afiche aparecido en la estación Bulnes de subte, que promocionaba un instituto privado que ofrecía doble escolaridad, inglés, campo de deportes y actividades extraprogramáticas, entre otas maravillas. Así comenzó la relación con el ignoto Presbístero Antonio Saenz.
A la primera entrevista concurrimos los cuatro: vos, papá, Ricardo y yo. El encuentro fue con el Rector Grande que, para mi asombro de iniciado colegial, extrañamente confluían apellido, tamaño y edad. Gentilmente, el Rector les acercó una silla -Ricardo y yo quedamos de pie para que empezáramos a degustar los rigores del Saenz-, y él ubicó un sillón junto a ustedes para dar un clima más coloquial. Al sentarse, Grande se cruzó de piernas y asomaron unos tamangos enormes que eran como dos portaviones de cuero negro. Mis ojos se clavaron en esos portentos, y llegué a imaginar que esas punteras podían aterrizar en mi trasero, pero no te lo podía decir porque estabas hipnotizada con las bondades que ofrecía el colegio. Es que en eso de vender los prodigios del Saenz, el Rector era un grande.
Si, si, ya se mamá que no aprendí a hablar una poteitor de inglés, que a las matemáticas las engaño con la calculadora, y que papá a veces tenía que hacer malabares para pagar la cuota. A pesar de tantas falencias, gracias a tanta geografía me precio de una notable ubicuidad social, me dio una pátina de cristianismo y, especialmente, los amigos, los mismos de entonces, que como dice la canción de Serrat "son lo mejor de cada casa". Así que podes dar por saldada la cuenta.
Me acuerdo de los sábados que me levantabas muy temprano a la mañana para ir a Castelar a los campeonatos de fútbol. A la tarde me esperabas con un refrigerio especial y cuidabas de mi siesta. El nene había ido a hacer deportes con el Colegio, aunque fuese más el tiempo que pasaba en el ómnibus que en la cancha. Decir deportes, tal vez sea mucho, ya que no faltaba la ocasión en que los adversarios nos advertían que la cosa redonda de cuero que tenían la amabilidad de alcanzarnos a nuestro arco, era la pelota.
Perdón por las veces que tuviste que ir con papá a rectoría a escuchar alguna queja. Pero vos y yo sabíamos que siempre la culpa era de los otros.
Ahora que cabalgo los cincuenta, me doy cuenta que tenías razón acerca de la sabiduría de la naturaleza. Físicamente, estoy redondeando la vida, mentalmente me esta creciendo una tonsura papal para que las ideas ingresen más fácil, y no necesito de anteojos para ver lo importante: un rostro, las estrellas, una milanesa. Siempre les digo a Eugenia y a los chicos, lo que vos les repetirías sin cansarte: "qué suerte tienen de tenerme".
Hace unos meses nos juntamos los ex alumnos y profesores del Saenz. Fue un momento muy grato y emotivo. Bocha Schipani, a pesar de que lo niegue, le sospecho que duerme en un iglú. Quien me abrió la puerta al recinto fue Chiesa, a quien no veía desde la fiesta de egresados. Y el gordo Rabino ¡estaba igual¡. Por lo demás, la reunión fue una danza de caritas y cuerpos rechonchos, canas, peladas, aunque nó así dentaduras propias en la cantidad necesaria. Fue solo cuestión de mirar fijo esos rostros con algo más por acá, algo menos por allá, y descubrir al adolescente que conocí, que fui.
Bueno, no hagamos largas. Te quiero y te extraño mucho. Y a papá también.
Ah, y feliz día el domingo.
YO

1 comentario:

jose paez dijo...

muy lindo recuerdo de yo para vos