martes, 14 de julio de 2009

Un Angel de Charlie en casa

¿Cómo olvidar su melena al viento y esa sonrisa fresca y cautivante?. No había en la juventud, un taller mecánico al que le faltara el póster de Ella, junto a la estampita de la Virgen de Lujan. Los afortunados compañeros que tenían habitación propia, tampoco se privaban de su presencia. Fue el objeto de agitados comentarios de los amigos del Saenz, cuando el Colegio se estaba cerrando. Si hasta su nombre evocaba a una fiesta: Farrah.

Estábamos dejando la adolescencia de un colegio de varones, y empezando a tomar en serio al sexo débil. Adiós al olor a vestuario, para darle la bienvenida al pino silvestre o al pachuli.

El fervor por Ella llegaría al colmo cuando apareció en la tele Los Angeles de Charlie. Un bodrio de pobre y repetitiva factura, pero de las tres heroínas de la serie, Farrah Fawcett era la que sobresalía; el capítulo cambiaba cuando aparecía.

La ídola había llevado una vida abrazada a distintos galanes de habla inglesa, nunca a algún conocido del barrio. Abandonó al hijo a su suerte, para dedicar su gracia a sus admiradores. A pesar de todo, parece que fue una buena mina. En síntesis, no tenía defectos.

A esta altura de nuestras vidas, ¿alguno se imagina a esta diosa, descendiendo del póster para atender las cosas de la casa, manejar a los niños, perdonándonos la caída del pelo, de la panza, de los dientes, de la vista, la económica, y la caída de eso también?. Quién, sino la bruja que tenemos en casa, nos soporta los tempranos caprichos y terquedades, que se irán incrementando conforme pase el tiempo. Al final, uno tampoco es Ryan O’Neal.

En recuerdo a esa Farrah Fawcett de nuestros años juveniles, aunque muchas veces nuestra querida adquiera las características propias de Sisebuta que del Angel de Charlie, invito a cambiarle el mote a la patrona, de “pior es nada” por “lo mejor que me pasó en la vida” (después del Saenz, obvio).

1 comentario:

vascogaucho dijo...

Pido disculpas a la honorable platea, ya que tenía hace ya semanas esta nota, pero una enfermedad, que no tiene nombre animal, me postró temporariamente.