Como algunos saben, soy de la promoción 1975, aunque abandoné en 4to año, ya que el destino (y mi rebeldìa) me llevaron a vivir a la lejana localidad de Bella Vista donde terminé mi secundario, extrañando a mis amigos y mi colegio todos los días.
Y bien digo rebeldía, por que vivía en la capital en la casa de una abuela que era más dura que un sargento de la legión extranjera, en invertebradas palabras, nos tenía a mi hermano menor y a mí, "zumbando" e iba del Saenz a mi casa y de mi casa al Saenz, como decía el coronel Cavigiolo, a tal punto, que ninguno de mis compañeros conocieron mi casa.
Así, mis únicas distracciones y salidas eran el ateneo de la juventud y los sabados en el equipo de fùtbol, division menores de FICDA, donde perdíamos casi siempre por goleada y festejabamos hasta los empates, cuando el presbítero nos protegía y producía el milagro.
Como ven, una vida absolutamente gris... hasta que un día, necesitado de nota en música, apareció mi querido profe Ciurleo, y nos invitó a un festival de jazz en el inst. de cultura religiosa en la calle R. Peña y Sta. Fe, y por supuesto que haciendo un cálculo matemático veloz y sabiendo que mi concurrencia era un 8 seguro, (aunque era un abonado a rendir matemáticas en diciembre...), acepté.
Explicarles lo que significó el jazz para mí en ese momento, sería facil de adivinar: una sensación de liberación combinada con el placer de poder escuchar a monstruos como Oscar Aleman (sensacional guitarrista de Josephine Baker), Hernan Oliva tocando su violín, a los legendarios Porteña Jazz Band, la Creole, la Dixie, los Lopez Furst, todos exepcionales músicos que me dejaron tan enganchado que después Lillo me conseguía entradas para el teatro Santa María para seguir disfrutando esa pasión.
Por eso, el Saenz se distinguía de los demás colegios; como cuando en esas salidas plomazas de los viernes con Cavigiolo, en estudio dirigido, en las cuales nos llevaba a los museos, siempre les cuento a mis hijos que en el museo Quinquela Martìn, nos cruzabamos con el viejo pintor y tal vez no lo valorabamos, pero siempre esas visitas nos enriquecían culturalmente.
Por eso, gracias Ciurleo, Cavigiolo, Olgiati, Drughieri (està bien escrito?) Isolino, etc, que tanto hicieron por nosotros y por supuesto que al glorioso "presbítero Antonio Saenz, que me dió amigos por 39 años como José Paez, Horacio Montano, Chacha y José Aguirre.
Para tipos como yo, el Saenz fue todo eso y mucho más, un gran contenedor, un colegio que bancaba a los kilomberos, y una usina cultural.
Por último, mi sincero y dolido homenaje para el oveja Mansilla (con el cual no me llevaba bien, y fue mi preceptor) por que dio su vida por un mundo más justo y mejor, como joven idealista, contra la injusticia de la desigualdad, como nos enseñaba esa oración de San Francisco que rezabamos todas las mañanas.
Los abrazo, Javier Rios.
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3 comentarios:
Qué lindo recuerdo, Javier. Si hay una melodía que representa aquella relación de alumnos con Ciurleo, esa es sin duda “Hay humo en tus ojos”. Es inseparable la imagen del maestro del pentagrama y la cautivadora fragancia del humo que desprendían sus Particulares sin filtro. Efímero placer compartido.
cuando saliamos de visitas guiadas nos toco ir a obras sanitarias de la nacion el preceptor era alejandro taquini cuando se descuidaba le poniamos los pescados muertos en el bolsillo del flamante saco azul era tan bueno ale que si nos veia se sonreia por lo que le haciamos
una vez nos toco ir al museo policial que queda en el centro
habian maniquies de todos los uniformes de policia con sus respectivos sombreros con Beto Betini nos ocupamos de cambiarles todas las gorras y sombreros mezclamos todo si nos llagaban a ver creo que todavia estamos presos
como se extraña el colegio
horacio zaffanella
otra de promocion 1971
habiamos ido de viaje de estudios a Salta Tucuman y Jujuy compramos cigarrillos de Chala y los trajimos a Bs As los llevamos al cole y en la clase de higiene le pedimos al profe Tornquist si nos dejaba fumar ya que eramos los mas grandes claro 5 año no pasaba nada
para que! el humo llegaba hasta la calle 14 monos fumando chala era imposble de aguantar menos mal que no se entero Cavigiolo sino estabamos muertos
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