jueves, 14 de mayo de 2009

A conquistar el mundo

No conozco lo sucedido en otras promociones, pero me consta que varios integrantes de la Décima, se han lanzado a conquistar el mundo.

Un caso es el de Carlitos Santoro, quien muy plácido pasea su cuerpito por las calles de Ginebra, al tiempo que psicopatea a pequeños suizos y dedica su tiempo libre a emular al pintor Aloisse. Sin embargo, las pampas aún le tiran. Es así que siempre se queda como hipnotizado ante la vista imponente de los Alpes, esas cimas nevadas, esos picos helados, y de tanto en tanto rompe en llanto en plena vía, ante la mirada impávida de los helvéticos transeúntes, y a los gritos se lo escucha implorar ¡MI VIDA POR UN LAPONIA¡

Otro ejemplo de clara invasión, es el de Gustavito Viaño, quien vive desde hace más de veinte años en el país del norte. Residente en la ciudad que vio crecer a Al Capone, se desempeña entre la alta jerarquía de una cadena internacional de comidas rápidas. Lógicamente, que si de rapidez se trata, su origen rioplatense influyó decisivamente en su incorporación a la cajita feliz. Pero los años no han podido hacerle olvidar la verdadera cocina argentina. Por eso, periódicamente, cuando se ve rodeado de woopers, combos y sundaes, y ante la mirada inerte de una mac ensalada que le trae a la memoria los compases ortegueanos de “sabor a nada”, con voz trémula y entrecortada por la nostalgia, le pide al empleado del mes “Caachoooo, one milanesa to horse, pliiiiiiiiiiis”.

Finalmente, no puedo terminar sin mencionar a Augusto Macchiavelli, el que prácticamente fuera secuestrado por el imperio. Habiendo sido moldeado su cerebro por las manos de Cavigiolo, entrenado su cuerpo por el Profesor Terregni, rápido para el verso gracias a Jesús López, y angloparlante por la destreza de Tavares, sus padres decidieron que terminara de perfeccionarse en el Instituto Balseiro. En la Nasa no salían de su asombro ante tanta potencialidad; hasta que en una oportunidad, mientras Augusto observaba unos dibujitos de los ratones de laboratorio Pinky y Cerebro, identificándose claramente con el primero, se le preguntó cómo habían sido sus comienzos: “Y, en el Saenz, tirando bombitas de mal olor”. ¡Qué prodigio¡. En aquellos años escolares llegó a tal perfección que ya no necesitaba de la ampolla con el sulfuroso elemento para producir igual efecto putrefacto. Hasta le incorporó sonido al chascarrillo. Es que Augusto tenía un gran manejo de su cuerpo. Un dotado de la naturaleza.

Invito a traer a este espacio otros relatos de compañeros que hayan salido a conquistar el mundo, ya que nadie me quita de la cabeza que en esto de la crisis internacional, alguno del Saenz esta metido.

5 comentarios:

cadol dijo...

La verdad que no nos conocemos pero me pareció muy buena la nota.Carlos

jsantoro dijo...

grande pepe , el blog te sirvio para sacar tus, hasta ahora, ocultas dotes de literato. jsantoro

Eduardo Esarte dijo...

Querido José
Los que no tenemos tan buena memoria como otros, celebramos la existencia de este Blog, porque significa como un renacimiento.
Es como volver a vivir aquellos maravillosos momentos, y las fotos se convierten como en un despertador de aquellos recuerdos que parecían olvidados, pero que permanecen vivos todavía.
Me gusta mucho como contás las cosas, y me cuesta asociar este Paez de hoy, con los recuerdos que tengo de los momentos compartidos, pero gusta comprobar como aquellos compañeros de la jueventud, han tomado distintos caminos, pero todos hemos conservado, ese fuego sagrado que nos identifica.
Gracias por tu valioso aporte al Blog.
Un Abrazo, Eduardo

Unknown dijo...

Pepe, dejate de descahavar a los que emigramos.....!

vascogaucho dijo...

Agradezco a los tres primeros, los sinceros y porque no, acertados comentarios.
En cuanto al último, con su amenazante imposición, me va a obligar próximamente a profundizar en el tema. I'm not Ronald. Tomá.