sábado, 13 de diciembre de 2008

El dilema de Bonel

Se me ocurre contarles esto:

El Dilema de Bonel
Bonel, como un personaje de la literatura fantástica nos sometió de un modo sistemático e implacable a la solución de su dilema.

Bonel, en las orillas de aquella pileta a la que se arribaba por una escalera que parecía colgar en el vértice del edificio, ponía a prueba nuestra imaginación todos los viernes por la tarde cuando íbamos a hacer gimnasia en el Ateneo de la Juventud. ¿No se acuerdan?...

Caminábamos por Rio Bamba después de haber viajado en los Mercedes Benz de la línea 14, rumbo al Ateneo, haciendo un primer ejercicio de anticipación. Una pregunta rondaba nuestra mente con su cuota de esperanza ¿Vendrá Antuña a la clase de Gimnasia?

Así, con el corazón pendiente de la promesa pocas veces cumplida de tener la tarde libre, nos arrimábamos después de haber cruzado la calle Corrientes al Ateneo. Y allí, en las alturas, como un Dios que nos iba a examinar acerca de nuestra capacidad para interpretar lògicamente al mundo, se encontraba esperándonos Bonel, el cuidador de la pileta, con su voz pausada y monocorde para enunciarnos nuevamente la lógica infranqueable del dilema: "¿Es Usted más inteligente que el pez?” nos arrojaba con aire de erudito, mientras Terreni con su Rolex Blanco iba caminando por el borde... “¡Sí!” respondía el encuestado con la seguridad que le garantizaban miles de años de evolución sobre la tierra. “¿Y si Usted es más inteligente que el pez”, proseguía Bonel de modo contundente, “¿por qué puede el pez respirar abajo del agua y Usted no?”

En los años que hice gimnasia en aquel inmenso recinto , nadie, que yo recuerde, pudo resolver el dilema de Bonel y creo que nadie quería seriamente hacerlo. Con el tiempo, descubrí que lo que nos atraía como un imán no era resolver el contenido sino escuchar simplemente su enunciado. Ese rito, repetido una y otra vez se transformó en una parte de la clase , tanto como el ascender hasta el natatorio los diez pisos o colgar la red en el playón para iniciar la pràctica de voley. El estar ahí en torno a Bonel, comprobando cada viernes que los peces eran más inteligentes que nosotros, además de generar ciertas dudas sobre nuestro lugar correcto en la escala evolutiva se transformó año tras año en un contenido a aprobar de la materia. Todos sabíamos que asistíamos a un juego interminable que hoy recuerdo como una parte de esos años , junto a los nombres de aquellas entrañables personas que configuran la geografía de esta anécdota a la que puedo asomarme cuantas veces quiera para contemplar por un instante algo de nuestra primera juventud. Por eso es a ellos a quienes les dedico estas líneas con afecto.

Éste y otros recuerdos vienen a mi cada vez que paso por la puerta del Ateneo de la Juventud, el lugar donde hacìamos gimnasia los que fuimos alumnos de la Escuela . Hoy lo comparto con Ustedes.

¡Un cariño para todos queridos compañeros!.

Alejandro Taquini


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